Syriza y la esperanza de la izquierda mediterránea

Hace dos años tuve la suerte de poder acudir a una conferencia de Jean-Luc Mélenchon en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. El líder por aquel entonces del "Front de Gauche" (el frente francés de izquierdas que agrupa tanto a ecosocialistas como a comunistas), sostuvo ante los asistentes que en su opinión, los tecnócratas de la troika (a los que él considera androides programados) habían construido una cadena que mantenía subyugada la democracia y la soberanía nacional de los países mediterráneos. Sin embargo, añadió que dicha cadena era en realidad más débil de lo que parecía a primera vista, y que una vez se rompiera un solo eslabón, la dominación transnacional se derrumbaría como un castillo de naipes. Por romper un eslabón, Mélenchon obviamente se refería a la llegada al gobierno en algún país de una fuerza política popular e izquierdista. Sin embargo, en aquel entonces dicha suposición parecía solamente una quimera cargada de idealismo, por lo que la mayoría de los asistentes minusvaloramos la auténtica fuerza de sus palabras. Pues bien, hoy puede que estemos tan sólo a tres días de que su profecía su cumpla, porque el eslabón griego de la cadena está a punto de romperse, tal como apuntan todos los sondeos.

Syriza, la heterogénea coalición de izquierdas griega nacida hace una década, y que aglutina, entre otros, a ecologistas, eurocomunistas, trotskistas, maoístas y euroescépticos, está a punto de ganar las elecciones generales en el país heleno. Ello produciría un hecho histórico sin precedentes, además de un terremoto político a nivel europeo, al alcanzar el poder por primera vez una formación de izquierda radical. De hecho, ya estuvo cerca de lograrlo hace apenas dos años tras la repetición de los comicios griegos y el colapso del parlamento, pero finalmente, la brutal campaña propagandística lanzada desde todos los organismos de poder comunitarios impidió la victoria de la formación de Alexis Tsipras. Hoy sin embargo, dicha propaganda ha dejado de ser efectiva. El pueblo griego se ha terminado inmunizando contra ella, cansado de soportar años de pobreza, desigualdad, humillación y servilismo hacia Bruselas. Al fin, y a pesar de la nueva campaña del miedo desatada durante estas últimas semanas de contienda electoral, los griegos están dispuestos a votar mayoritariamente a la izquierdista Syriza, para aupar así al gobierno a una fuerza política que por primera vez plante cara a la troika y renegocie con firmeza las condiciones del rescate financiero.

¿Pero esto significa que de repente los griegos se han convertido masivamente en militantes de izquierdas? En ningún caso. Los ciudadanos del país que fue cuna de la democracia hace más de dos milenios no están votando a Alexis Tsipras porque sea un izquierdista, sino porque se ha convertido en el único candidato verdaderamente patriota, dispuesto a hacer que Grecia deje de ser un Estado títere en manos del Banco Central Europeo y de las multinacionales extranjeras, con un programa electoral que incluye la auditoría de la deuda, el aumento de la presión fiscal a los grandes capitales y el combate decidido contra el fraude fiscal. Es decir, que los griegos están votando ante todo por la soberanía nacional y la dignidad ciudadana, cansados de sufrir tantos abusos desde las instituciones supranacionales que teóricamente debían defenderles. Por ello, Syriza en estos momentos se ha convertido a ojos de los griegos en "el partido de los griegos", más allá de su ideología izquierdista. Sin embargo, el hecho de que una formación que se reclama abiertamente como de "izquierda radical" esté a punto de salir victoriosa también es una buena lección para los españoles, y especialmente, para los simpatizantes de Podemos. Como los griegos van a demostrar, se puede perfectamente ganar unas elecciones asumiendo una identidad ideológica especifica, no escondiéndola como hace el partido de Pablo Iglesias. La gloria sólo está reservada a los valientes, y una muestra de valentía es asumir lo que uno es pese a quien pese, tal como ha hecho Syriza a lo largo de sus años de existencia, en lugar de diluirlo en un discurso transversal y ambiguo como intenta Podemos.

No obstante, la tarea que le espera a Syriza si finalmente vence en las elecciones se avecina titánica. Para empezar, tendrá que armar una base parlamentaria suficiente para gobernar, y a menos que logre finalmente la tan ansiada mayoría absoluta, deberá realizar auténticos malabarismos políticos para conseguir que alguna otra formación apoye la investidura de Tsipras. En estos momentos, al margen de su presumible victoria y del igualmente previsible segundo puesto de la conservadora Nueva Democracia, hay una lucha encarnizada por el último puesto del "pódium" entre al menos cuatro fuerzas políticas muy igualadas, pero con diferencias ideológicas abismales: los comunistas del KKE, los neonazis de Amanecer Dorado, los socialdemócratas del PASOK y los centristas de To Potami. Descartados obviamente neonazis, centristas y socialdemócratas, la única alianza posible de Syriza sería con los comunistas, pero ésta también se prevé muy difícil debido a sus odios ancestrales, al ser Syriza en origen la eclosión de una escisión antisoviética del KKE. Además, aunque finalmente logre la mayoría necesaria para llegar al gobierno, tendrá que enfrentarse a enemigos muy poderosos, tanto a la oposición conservadora interna como a la troika externa.

En resumen, a la cadena neoliberal de la que hablaba Mélenchon al fin se le va a romper un eslabón. El horizonte que se avecina ante este nuevo cambio es apasionante y esperanzador para todos los ciudadanos del sur de Europa que nos consideramos de izquierdas, pero ni mucho menos va a estar libre de dificultades y amenazas. Grecia estará geopolíticamente sola en medio de una Europa neoliberal y mayoritariamente comandada por gobiernos de derechas que tratarán de ahogarla y asfixiarla económica y diplomáticamente. Al menos será así durante un año, y eso siendo muy optimistas y suponiendo que en España finalmente Podemos alcance el poder (cosas que tampoco está nada clara por el momento). Tsipras decía hace no mucho: "puede que no tengamos el poder económico de los medios, pero tenemos el poder esperanzador de las ideas". Por desgracia, no sólo con ideas se ganan las batallas, sino que hace falta además disponer de espadas. Y esta realidad, aunque amarga, enseña una de las lecciones politológicas más importantes que ya en su tiempo sintetizo magistralmente Nicolás Maquiavelo: "el príncipe debe ser amado, pero también temido". En resumen: el futuro se presenta muy complicado y Syriza necesitará hacer acopio de fuerzas internacionales si desea sobrevivir en el poder, pero la esperanza ha de ser lo último que se pierda, y este 2015 será al fin un año de esperanza para la izquierda mediterránea.

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