La última guerra entre dos ejércitos de samuráis

En mi libro "Cómo gritar Viva España desde la izquierda" utilizo la imagen de un samurái que ha perdido su espada como metáfora del problema que tiene la izquierda española al haber perdido su idea de nación. Lo cierto es que la elección de dicha metáfora no fue casual, ya que la cultura japonesa siempre me ha interesado mucho, sobre todo a raíz de pasar una estancia académica allí durante mi juventud. Pues bien, un poco en recuerdo de aquellos meses en tierras niponas, voy a aprovechar para relatar como fue el último gran combate entre ejércitos de samuráis del Japón feudal, ya que tras su cruel desenlace en 1615, concluyó el periodo de las guerras civiles y se inició una nueva era hegemonizada por un sólo clan, los Tokugawa, que tras exterminar en la batalla a todos los samuráis opositores que resistían, se hicieron con el dominio absoluto de Japón, unificando el país e instaurando un nuevo régimen que duraría casi tres siglos. Por ello esta batalla resulta decisiva en la historia japonesa, y es un acontecimiento allí equiparable tal vez a nuestra "Toma de Granada" de 1492, ya que pone fin a un largo periodo de luchas armadas y marca el inicio del estado unificado.

 

Pero primero adentrémonos en el contexto de la época. Japón vivía desde el Siglo XI su particular Edad Media, caracterizada por la pérdida de poder de la institución imperial y la aristocracia cortesana, en beneficio de los samuráis. Esta casta guerrera había ido adquiriendo influencia paulatinamente, hasta que fruto de su hegemonía, acabaron con el gobierno aristocrático e iniciaron el régimen militar conocido como shogunato: un sistema en el que los distintos "daimyos" (señores feudales) administraban sus respectivos territorios, pero eran dirigidos por un "shogun" (general), un cargo designado teóricamente por el emperador, pero que en la práctica (ya que los emperadores no eran más que títeres) era el título que otorgaba la legitimidad al líder del clan samurái más poderoso del momento. Este peculiar sistema feudal pudo subsistir precariamente hasta el Siglo XV, pero a partir de entonces la situación de guerra civil constante entre clanes rivales degeneró hasta tal punto que el shogun nombrado ya no tenía ningún poder de facto para imponer la fuerza, iniciándose así el periodo "Sengoku", esa era oscura de intrigas políticas, guerras y matanzas entre samuráis que ha llegado a nuestro imaginario a través de las películas y los mangas. Para añadir más inestabilidad aún a la situación, en el Siglo XVI arriban los primeros navíos europeos a las costas niponas, penetrando el cristianismo en el país, lo que supuso un nuevo elemento religioso en el ya de por si complicado tablero feudal japonés.

Es entonces cuando en medio de ese caos guerrero emergen tres grandes figuras políticas: Oda Nobunaga, Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu. Estos tres líderes van a tratar de unificar Japón, aunque será el último el que realmente lo logre. El primero comienza la unificación forjando una gran alianza entre daimyos y sometiendo violentamente a los restantes, pero cuando se encuentra en la cúspide de su poder, cae víctima de una traición. El fin de Nobunaga reanuda las hostilidades entre clanes, aunque su testigo lo recoge su aliado Hideyoshi, que logra imponerse conquistando las principales islas japonesas y emprendiendo reformas administrativas que sientan las bases para la posterior pacificación. Sin embargo, muere prematuramente dejando a un heredero de tan sólo cinco años. Se forma entonces un consejo de regentes que debe encargarse de la protección del pequeño Hideyori hasta que sea mayor de edad, pero en la práctica, sus miembros no tardan en dividirse en dos facciones, lideradas por Ishida Mitsunari y Tokugawa Ieyasu. Este último había logrado convertirse en el hombre fuerte de Japón a la sombra de Hideyoshi, y aunque hasta su muerte había mostrado aparente lealtad, ahora amenazaba con convertirse en el amo supremo del país. Por ello, muchos daimyos temerosos de su incipiente poder se agrupan en torno a Mitsunari, enarbolando la bandera de los derechos de Hideyori. El choque llega en la batalla de Sekigahara de 1600, resultando vencedor Ieyasu, que acto seguido ejecuta a Mitsunari.

Tras haberse impuesto militarmente, el nuevo shogun Tokugawa controlaba la práctica totalidad del país, pero sin embargo, su poder aún no es absoluto, ya que el joven Hideyori continúa vivo, y al cumplir la mayoría de edad reclama su legítimo derecho al poder como hijo y heredero de Hideyoshi. Su presencia por lo tanto es una molestia para las ansias absolutistas de Ieyasu, por lo que éste declara finalmente la guerra al joven, a pesar de que había jurado protegerlo. Para defenderse, Hideyori, que desde su nacimiento vivía guarnecido en el Castillo de Osaka (una fortaleza considerada prácticamente inexpugnable), comienza a dar asilo en el interior de la fortaleza a los rivales de Ieyasu supervivientes de la batalla de Sekigahara y a numerosos "ronin" (samuráis sin señor), formando un ejército de más de 100.000 guerreros. Ieyasu por su parte, moviliza a todos los daimyos que controla y arma un contingente mucho mayor, entre 150.000 y 200.000 efectivos, con los que pretende asaltar la fortaleza. Así, da comienzo la última gran guerra del periodo Sengoku, la cual constará de dos fases: la campaña de invierno de 1614 y la campaña de verano de 1615. En la primera, Ieyasu trata de conquistar la fortaleza con un ataque frontal, bombardeando el castillo de Osaka para finalmente avanzar hacia él con el grueso de sus tropas, pero fracasa. La defensa organizada por el prestigioso samurái Sanada Yukimura logra repeler una y otra vez los ataques de los Tokugawa.

Llega entonces la hora de la verdad: la campaña de verano. Aquí Ieyasu cambia su estrategia ante la enconada resistencia del bando de Hideyori, y ofrece un acuerdo de paz envenenado que los sitiados, exhaustos tras la heroica defensa, se ven obligados a aceptar. Ieyasu aprovecha estos meses de paz para rearmar a su ejército y rellenar los fosos del castillo, y cuando Hideyori al fin reacciona, ya es demasiado tarde y comienza de nuevo la batalla. Yukimura, el héroe de la defensa durante la campaña de invierno, lanza una desesperada contraofensiva para evitar el asedio definitivo, pero muere en el combate y su ejército es derrotado por las tropas de Ieyasu, por lo que Hideyori, atrincherado en el castillo, queda abandonado a su suerte. Esa misma noche, Ieyasu ordena el asalto final, y tras penetrar con sus tropas en la fortaleza, la incendia y lleva a cabo una matanza atroz, decapitando a todos los defensores del castillo. Rodeado por las llamas en el interior de sus aposentos y con sus últimos partidarios siendo masacrados, a Hideyori no le queda más que una alternativa: llevar a cabo el "seppuku" (el suicido ritual). Así, con la muerte de Hideyori y de todos sus familiares y aliados en el interior del castillo, el clan Toyotomi llega a su fin, eliminando Ieyasu toda oposición posible, con lo que alcanza el dominio absoluto del país e inicia su propia dinastía: el shogunato Tokugawa. Su régimen se prolongaría hasta mediados del siglo XIX, cuando la Revolución Meiji puso fin a casi mil años de hegemonía samurái e inició la transición de Japón hacia la modernidad. Hubo entonces algunos grupos aislados de espadachines que se opusieron al nuevo régimen luchando aún al modo tradicional en medio de la moderna maquinaria bélica, pero como combate épico entre enormes ejércitos feudales de samuráis, el sitio de Osaka de 1615 fue sin duda el último de la historia.

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