Ciudadanos y la caja de herramientas del sistema

Los teóricos e historiadores marxistas, especialmente los seguidores del italiano Antonio Gramsci, siempre han insistido en la idea de que la clase dominante dispone de una especie de "caja de herramientas" lista para actuar en tiempos de crisis sistémica en la que el orden político y económico establecido puede verse amenazado por la irrupción de nuevas fuerzas sociales revolucionarias. Es en estos momentos en los que los viejos partidos institucionalizados ya no pueden hacer frente a las nuevas demandas de la sociedad, cuando los poderes fácticos sacan esa famosa caja de herramientas, para moldear y forjar un nuevo producto electoral que sirva como caballo de Troya entre las masas enfurecidas, con el fin de salvaguardar los intereses de la clase dominante pero bajo una retorica aparentemente de transformación y regeneración, e incluso a veces, envuelta en discursos radicales y populistas.

Según esta teoría, esa fue por ejemplo la función que desempeñó el fascismo durante el periodo de entreguerras, como solución de urgencia del capitalismo para frenar las oleadas revolucionarias que estaban produciéndose desde la revolución rusa de 1917, y sobre todo, desde el inicio de la crisis económica de 1929, ya que el desprestigio de la democracia liberal entre las masas era tal que los partidos institucionalizados ya no podían responder a las necesidades y demandas de las sociedades de la época. Pues bien, salvando obviamente todas las distancias temporales y coyunturales, lo cierto es que no deja de ser curioso que en la actualidad, la España de 2015 esté viviendo un proceso formado por tres fases muy similares: crisis de legitimidad del régimen de la transición producto a su vez de una crisis económica, auge de formaciones revolucionarias como Podemos surgidas desde la periferia del sistema, y finalmente, irrupción de una formación política alternativa a dicha alternativa como es Ciudadanos, sobre el papel también transformadora y rupturista, pero curiosamente mimada por los grandes medios de comunicación, apoyada por sectores conservadores y financiada por poderosos bancos. Por ello, podría ser que Ciudadanos fuera el producto de esa famosa caja de herramientas del sistema para tiempos de excepción.

Y es que no por casualidad, la formación política liderada por Albert Rivera (surgida en 2006 pero restringida durante años a Cataluña como su ámbito natural de actuación) ha logrado en tan solo unos meses auparse a lo alto de las encuestas electorales a nivel nacional. Con un discurso aparentemente transformador, que habla de ciudadanía, de democracia, de lucha contra la corrupción y de ética del trabajo, la formación "naranja" ha conseguido un doble objetivo: por un lado, frenar el auge de Podemos (cuya intención de voto en las pasadas navidades lo situaba como claro ganador de las elecciones generales, superando ampliamente a PP y PSOE, lo que sin duda provocó la alarma entre los grandes poderes económicos y financieros del país), y por otro lado, contener la pérdida de votos no ideologizados del llamado "centrismo", reconduciendo estos sufragios desencantados con los viejos partidos hacia la nueva formación ciudadana (y evitando su fuga hacia proyectos rupturistas como el de Pablo Iglesias).

En cuanto al éxito exponencial del nuevo (o no tan nuevo) partido político, éste se ha debido bajo mi punto de vista a cuatro factores principales. En primer lugar, al gran apoyo brindado por todos aquellos influyentes actores políticos y económicos muy preocupados con una posible llegada al gobierno de Podemos, lo que le ha permitido entrar por la alfombra roja de casi todos los medios de comunicación, sin tener por ejemplo que pelearse "en el barro" como tertuliano, que fue lo que tuvo que hacer en sus inicios Pablo Iglesias en cadenas hostiles como 13TV o Intereconomía. En segundo lugar, a la creación de un argumentario político muy atractivo, a la par que ambiguo, que permite aunar voluntades a lo largo y ancho del arco parlamentario (desde una izquierda moderada hasta incluso la extrema derecha nacionalcatólica). En tercer lugar, al carismático liderazgo de Albert Rivera, un político joven y astuto (por ejemplo, ya en su primera campaña electoral catalana se dio a conocer posando desnudo en el cartel electoral) que ha sabido rodearse de grandes asesores de comunicación que han catapultado su imagen a la del líder mejor valorado por la ciudadanía española. Finalmente, en cuarto lugar, al hundimiento de su rival UPyD (debido tanto al excesivo personalismo de Rosa Díez como a la rigidez de las estructuras de la formación), lo que ha provocado un autentico trasvase de efectivos, absorbiendo el partido naranja los restos de la formación magenta (la cual probablemente se disolverá en unos meses, si es que no lo ha hecho ya), con lo que ha engrosado todavía más su arsenal de militantes, simpatizantes y futuros votantes.

En resumen: el partido Ciudadanos tiene viento en popa al haber logrado recoger los frutos de la brecha en el sistema abierta por Podemos, y al mismo tiempo, presentándose ante los grandes poderes fácticos como su única vía de salvación (si es que no se trata directamente de un producto suyo). Su ideología transversalista (un término curiosamente acuñado por los falangistas españoles durante el periodo de entreguerras, lo que demuestra que mi analogía inicial con el fascismo, salvando todas las distancias, tampoco va tan desencaminada), su difuso programa (se habla de ayudar a los más necesitados, y al mismo tiempo, de negar la tarjeta sanitaria a los inmigrantes), el envase de su líder entre algodones (así como la prensa ha sido inflexible con cualquier "desliz", ya fuese real o simple rumor, de las cabezas visibles de Podemos, los medios prácticamente no han mencionado los claroscuros del pasado de Rivera, como por ejemplo, que fuese militante del PP durante su juventud) o la ocultación de los casos de corrupción habidos en su partido (como el de Javier Nart o el de Jordi Cañas), nos llevan a pensar que se éxito se debe a la combinación tanto de una gran capacidad estratégica propia como de un apoyo manifiesto por parte de poderosos sectores. Puede que la teoría marxista esté obsoleta en muchísimos aspectos, pero lo cierto es que a la vista de los acontecimientos, la idea de que exista una caja del herramientas del sistema que en situaciones críticas moldee productos electorales como Ciudadanos no parece tan descabellada.

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